¿Por qué nos conmueve "Punch"? La ciencia de la compasión tras el video viral del macaco japonés
Si has abierto tus redes sociales en las últimas semanas, es imposible que no te hayas topado con él. Se trata de Punch, un pequeño macaco japonés nacido en julio de 2025 en el Zoológico de Ichikawa, cerca de Tokio. Lo que comenzó como un video tierno que inundó las redes sociales, se ha transformado en un punto de partida para una reflexión mucho más profunda sobre nuestra naturaleza humana.
El fenómeno que traspasó la pantalla
Punch no es solo un protagonista más en tendencia de los videos virales. Su historia está marcada por una profunda fragilidad: poco después de nacer, fue rechazado por su madre. Para evitar que cayera en la depresión o el desamparo, sus cuidadores recurrieron a un "peluche de consolación", un gesto que nos conmovió a todos.
Pero, ¿por qué sentimos una conexión tan poderosa con un ser de otra especie? Para entenderlo, conversamos con el reconocido psicólogo clínico Gilberto Aldana, quien nos ayuda a desglosar el poder de la compasión en la era digital.
La mirada experta: Compasión y empatía
Según el Dr. Aldana, ver la vulnerabilidad de un ser vivo activa mecanismos cerebrales que nos invitan instintivamente al cuidado. Como seres de vinculación, los humanos reaccionamos ante el rechazo que sufrió Punch conectándonos con esa "fibra sensible" que nos impulsa a protegerlo, viendo en él una pureza que trasciende su especie.
"La compasión no es solo sentir lástima; es la capacidad de reconocer la fragilidad del otro y sentir el deseo genuino de aliviar su carga. En un mundo tan acelerado, que un animalito logre detener nuestro 'scroll' infinito para hacernos sentir, es una señal de que nuestra humanidad sigue intacta", comenta Aldana.
Es fundamental diferenciar: mientras la lástima suele establecer una distancia desde la superioridad, la compasión nos moviliza. Al compartir el video de Punch, la audiencia no solo busca "ternura", sino validar que el cuidado mutuo es un valor universal. Para el especialista, no basta con tener empatía; el verdadero valor radica en la compasión: esa fuerza que nos motiva a preguntar qué está en nuestras manos para mitigar el sufrimiento ajeno.
Un "gimnasio emocional" para el alma
Esta conexión no distingue entre pelaje o piel; es una respuesta biológica. Al ver a Punch, nuestras neuronas espejo se activan de forma similar a como lo harían ante un niño. Esta respuesta nos humaniza y nos recuerda que somos parte de un ecosistema, no sus dueños absolutos.
Reconocer el dolor ajeno a veces nos obliga a mirar nuestras propias heridas, un ejercicio que puede dar miedo, pero que resulta vital. Ejercitar la compasión con seres como Punch funciona como un "gimnasio emocional" que nos prepara para ser mejores con nuestra propia especie.
Científicamente, ser compasivos libera oxitocina —la hormona del vínculo—, reduciendo la ansiedad y fortaleciendo nuestra salud mental y fisiológica. Al practicar la compasión, encontramos una motivación que va más allá del día a día, construyendo una sociedad psicológicamente más saludable.
Mientras Punch crece bajo el cuidado de expertos en Japón, su imagen en nuestras pantallas sigue siendo un recordatorio poderoso. En un mundo digital que a veces se siente frío, la ternura y la acción compasiva son los mejores antídotos contra la indiferencia.